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Las Ventas (Madrid). Viernes 31 de mayo. 22ª de San Isidro. Lleno de no hay billetes. Alejandro Talavante por fin ha podido encontrarse a sí mismo en una faena cargada de temple y gusto con el último de la tarde. El de Adolfo colaboró con su nobleza y sobre todo por sus embestidas a cámara lenta, que propiciaron que el extremeño torease a placer, no sin antes ser volteado sin consecuencias. Por el izquierdo han llegado los mejores momentos. Los naturales surgieron de uno en uno, largos, profundos y arrebatados. Talavante toreó por ese pitón a uno por hora. Cambió al derecho y siguió con su firmeza, aguantando las feas miradas del animal. Se lo abrochó a la cintura en cada pase, llevándolo siempre por abajo y cadencioso en el trazo del muletazo. Madrid definitivamente volvió a acoger entre sus brazos al hijo pródigo, perdido hasta hoy en una espiral de desgana. Acabó su faena el extremeño con unos estéticos muletazos por abajo como paso previo a la suerte suprema. Un pinchazo privó a Talavante de una más que posible Puerta Grande. Además, tuvo que descabellar dos veces, lo que enfrió –con razón- la petición de un trofeo. A pesar de todo, Alejandro Talavante acabó contento, sabedor de que había vuelto a Madrid: a su plaza. Antes con su primero mostró su cara más apática en una lidia sin aire ni credibilidad ante un toro que tampoco tuvo nada bueno. Las actuaciones de José Pedro Prados “El Fundi” se cuentan por éxitos. Si importante fue su tarde con los “Ibanes” hoy se ha superado a sí mismo al cortar una oreja al cuarto, un toro por el que nadie apostaba un duro. Fue este un ejemplar noble aunque con sentido al que había que hacerle las cosas bien. Se las hizo el espada y consiguió animar una actuación que se preveía poco lucida. Alcanzó momentos de gran nivel al natural. Sacó más embestidas de las que tenía el burel con temple y raza, hilvanando muletazos muy importantes. El fuenlabreño se lo llevó muy enroscado siempre, acabando cada pase por detrás de la cintura. Hubo momentos que más allá de la entrega, tuvieron belleza por sí mismos. Olía a oreja. Se lanzó a todo o nada con la espada y salió todo. Un estoconazo que valía por sí un trofeo, y una cogida muy fea en los estertores del animal. Sin apenas poder respirar se levantó enrabietado El Fundi para ver doblar al de Adolfo Martín a sus pies. Oreja de mucho peso. Ganada a fuerza de oficio, raza, temple y otra cualidad que me reservo pero que imagino conocerán. El primero de la tarde resultó imposible por alimaña. Siempre se revolvía tras cada pase. Ni por el izquierdo ni por el derecho permitía un muletazo. No había opción y José Pedro no alargó más de la cuenta. Diego Urdiales volvía a Madrid sustituyendo a un convaleciente Javier Valverde. Había ganas de verle después de ser la mayor revelación de la feria. Enfrente tuvo un lote que resumió la esencia del conjunto: noble y soso. El que hizo segundo tuvo tanta nobleza como falta de recorrido. Anduvo templado y firme el riojano desde el saludo capotero. Con oficio obtuvo muletazos de nivel por ambos pitones, tirando mucho del toro y pudiéndole siempre. Era complicado meter a la gente en la faena con un toro tan soso y lo consiguió el riojano. Tras media estocada efectiva saludó una fuerte ovación con leve petición de oreja. El quinto fue aun más soso. No era malo el astado, pero aquí si que fue imposible transmitir algo. La gente no venía a ver Adolfos nobles y parados, sino toros con fuerza y casta. Urdiales se sabía sin opciones; quizá por eso anduvo algo menos seguro con este. No hubo ningún eco, por lo que su labor fue silenciada. Toros de Adolfo Martín, correctos de presentación y flojos y descastados en general. 1º muy peligroso, 2º y 5º manejables pero sosos. 3º desrazado. 4º noble pero sólo por el izquierdo. 6º muy noble y con fondo, aunque desrazado. Pitados 1º, 3º y 4º en el arrastre.
El Fundi, silencio y oreja.
Diego Urdiales, ovación con saludos y silencio tras aviso. Alejandro Talavante, silencio y ovación con saludos tras aviso.
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